Empezaba todo en el año 1850, en el centro del casco antiguo de Barcelona. Jaume Garriga era el propietario de un establecimiento que, con el paso del tiempo se dedicó al tueste del café. Así, Jaume comenzó a hacer de la torrefacción todo un arte, recuperando las fórmulas más artesanales. El pequeño negocio fue heredado por sus tres hijas, pero fue Carmen, la mayor, quién dio un nuevo aire al negocio familiar, transformando el establecimiento de acuerdo con el espíritu “Noucentista” de la época. Tuvo momentos interesantes como en el primer tercio de siglo, con animadas tertulias donde artistas de la talla del poeta Ventura Gassol y Lola Anglada discutían sobre sus inquietudes políticas.

